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Estudio en los Estados Unidos
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Un recorrido por la enseñanza superior en los Estados Unidos: una opción viable para que pueda comenzar

"Cada uno de nosotros se merece la oportunidad de forjar nuestro propio destino"
- Barack Obama

Para la mayoría de los jóvenes con formación de todo el mundo poder estudiar en una universidad estadounidense es un sueño. El contar con la inteligencia y el dinamismo necesarios es lo más importante y lo principal para lograr tal sueño; no obstante, este es sólo el primer paso en el recorrido internacional. Piénselo: el simple hecho de maniobrar en un país nuevo puede ser todo un reto, cuanto más todo un nuevo sistema de educación. Hágame caso, pues yo una vez tuve que hacer exactamente eso. Aunque es cierto que tendrá que salvar frecuentes obstáculos, con la planificación e información adecuadas, usted puede superarlos todos. A continuación enumeraré algunos de los puntos más destacados de mi recorrido personal que espero le ayuden a planear su propio recorrido hacia el éxito.  

Yo tenía veintitrés años y me había graduado de una universidad de calidad de mi país. Mi objetivo final era el de cursar estudios de posgrado en los Estados Unidos. Al llegar a este punto, el tomar decisiones fue la parte más difícil. Después de sopesar mis opciones, con la ayuda de un asesor de EducationUS (www.educationusa.info/centers.php), decidí cursar un programa de inglés intensivo en un centro comunitario de enseñanza superior en los EE. UU. Mi objetivo inmediato era aclimatarme al sistema norteamericano mediante el dominio del idioma inglés y obtener un diplomado. Déjeme que repase con usted el proceso por el que tuve que pasar para llegar hasta allí.

Admisión previa a un centro comunitario de enseñanza superior

En primer lugar, me di cuenta de que para poder solicitar una visa de estudiante internacional, primero tendría que haber obtenido la admisión previa a una institución estadounidense. La institución estadounidense expide o bien el formulario I-20 (para la Visa F-1) o el DS-2019 (para la Visa J-1), el cual debe presentarse ante la embajada estadounidense del respectivo país.   

El paquete de documentos que tuve que enviar con mi solicitud incluía: la solicitud de admisión, información complementaria para solicitar el I-20 y comprobante de estudios previos (diploma, certificado oficial de estudios y evaluación de credenciales de estudio). Este último documento identificaba las materias cursadas en mi país que tenían equivalencia en el sistema educativo de los Estados Unidos y que se podían convalidar. Hay varias agencias que por una tarifa pueden realizar dicho servicio. También tuve que proporcionar comprobantes de mi Examen de Aptitud del idioma Inglés (TOEFL o IELTS). Con el conocimiento de inglés que había obtenido en mi país, obtuve una calificación lo suficientemente alta para poder tomar cursos preuniversitarios de inglés. El siguiente paso consistía en obtener comprobantes de respaldo financiero. Algo a tenerse en cuenta es que los estudiantes internacionales pagan de dos y media a tres veces más que los residentes y tienen que inscribirse tiempo completo (un mínimo de doce créditos por cada semestre académico). Además, los gastos de manutención varían en gran manera dependiendo de dónde esté situado el centro universitario. Para poder proporcionar suficientes pruebas de que se cuenta con el respaldo financiero, deberá mostrar o bien que su familia cuenta con los fondos para pagar por el primer año de estudios en el centro, o que tiene alguien que le patrocine. En este último caso, su patrocinador necesitará proporcionar, entre otros documentos, el formulario I-34, Declaración Jurada por Escrito de Apoyo Económico

Solicitud de la Visa

Una vez recibí el I-20 o DS-2019 presentado por el centro universitario, reuní todo el papeleo necesario y solicité una cita con la Embajada de los Estados Unidos en mi país.  Alguna de las cosas que aprendí en este proceso incluyen: a) siga atentamente las instrucciones, b) llegue a su cita a tiempo, c) asegúrese de que tiene toda la documentación que necesita cuando vaya a la cita. Yo recomendaría que siga atentamente los procedimientos que se indican en el sitio web del Departamento de Estado, d) tenga un entendimiento claro del porqué cree que el cursar estudios en un centro comunitario de enseñanza superior le beneficiará, y e) puesto que no hay ninguna certeza de que se le concederá la visa, no compre su boleto hasta que se le haya concedido la misma.

Al llegar a los Estados Unidos

No cabe duda de que vivir en los EE. UU. como estudiante internacional, alejado de su país natal, su comida, su familia y su cultura, pondrá a prueba su fortaleza interior: no obstante, su capacidad para sobrevivir saldrá a flote. Para gran alegría mía, me enteré que había asesores para los estudiantes internacionales que estaban listos para ayudar. Es más, según una encuesta nacional realizada por la Asociación Norteamericana de Centros Comunitarios (AAACC, por sus siglas en inglés) el 63% de los centros que tomaron la encuesta proporcionan orientación especializada y servicios de asesoramiento para los estudiantes internacionales y el cuerpo docente. Pronto me di cuenta de que optar por un centro comunitario de enseñanza superior se adaptaba a mis necesidades de muchas maneras. En primer lugar, el número de alumnos por aula era menor y recibí atención más personalizada. Además, mis compañeros procedían de diversos ambientes sociales, lo cual también enriqueció mi experiencia en el aula. Debido a mi experiencia personal, puedo afirmar que los centros comunitarios de enseñanza superior proporcionan una formación de alta calidad a un precio asequible.   

Saber cómo presupuestar el dinero

Entre los desafíos a los que deben enfrentarse los estudiantes internacionales se encuentran las dificultades económicas motivadas por emergencias o el cambio en el valor de las divisas. Según el Informe de Open Doors del 2010, publicado por el Instituto of International Education, el 61,9% de la financiación procede de fuentes personales o familiares, seguido por el 24,1% que ofrece la institución estadounidense mediante la reducción del precio de matrícula o por oportunidades de empleo. Después de haber estado inscrita en el centro universitario por un año, y debido a una emergencia familiar, pude pagar la matrícula como residente del estado (una tercera parte de lo que estaba pagando anteriormente) y encontré un trabajo en el recinto universitario. 

Mi bolsa de sobrevivencia para reducir gastos también incluía: acelerar la fecha anticipada de graduación mediante la transferencia de créditos académicos obtenidos en mi universidad anterior y tomar más clases en cada periodo académico, reducir los gastos de vivienda compartiendo los gastos con amigos y planear mis comidas por adelantado y llevándome el almuerzo y los refrigerios al recinto universitario. En retrospectiva, también me habría podido beneficiar si hubiera investigado y solicitado tantas becas y subvenciones como hubiera podido. Poco sabía yo en aquel entonces que años más tarde estaría administrando un programa de préstamos sin intereses para ayudar a los estudiantes internacionales a complementar la parte de los gastos que no cubre su principal fuente de financiamiento.  

Una vez me gradué del centro comunitario, me aproveché de la Capacitación Práctica Opcional (empleo provisional para titulares de una visa F-1) y más tarde seguí adelante con mis estudios de posgrado, logrando así mi sueño. Mi experiencia como estudiante internacional fue muy gratificante, tanto en el ámbito personal como profesional. La palabra clave es perseverancia: incluso en tiempos adversos, sepa cuál es su meta y esfuércese por lograrla y sin olvidarse de divertirse mientras lo hace.   

Artículo proporcionado por Lina M. Sevillano, empleada de la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (“GS/OAS”, por sus siglas en inglés), Coordinadora del programa de préstamos del Fondo Rowe. Las opiniones expresadas en este artículo fueron las opiniones personales de la autora y no deben atribuírsele a la GS/OAS.

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